Rodeado de mujeres que parecen imposibles

“Qué experiencia la de haber pasado por Levantart!

Como muchos otros chicos que asistieron al seminario, tenía muchas dudas de con qué me iba a encontrar: “¿Quiénes serán los otros 19 flacos que se anotan a un curso para mejorar su suerte con las minas?” “¿Cómo serán?” “¿Y los coachs? Medio bananas seguro…”

Desde que uno entra al salón de clase la primera vez se encuentra en su gran mayoría con gente muy buena onda, desde los coachs hasta los mismos compañeros. Diferentes historias que los une un mismo problema a resolver. Al llegar a un lugar y encontrarte con gente que quiere superar un mismo problema que el tuyo, en este caso el levante con las mujeres, de entrada ya al poner sobre la mesa algo tan íntimo y que toca tan de lleno a nuestro orgullo como hombres, la conexión con el otro se hace prácticamente instantánea.

Son dos meses, ocho clases, cuatro salidas. Lo bueno del curso es que, si estás atascado en este tema, te obliga a acomodar tu rutina a dedicarte por dos meses a este tema que, una vez dominado, te cambia la perspectiva de cómo un hombre debe manejarse para comportarse como tal y tener a su lado a una mujer de alto calibre. Cuando uno termina las clases, uno sale con una “guía” de lo que tiene que hacer y, a base de práctica, poder ir mejorando de por vida y hacer cada vez más sólido ese comportamiento correcto que uno debe tener si es que quiere estar rodeado de esas mujeres que a veces te parecieron imposibles. No lo son.

En cuanto a los coachs, te encontrás con gente muy cercana, son un par. Que no se mal entienda: uno puede conectar con ellos en el mejor sentido. Te están explicando algo que no se aprende en muchos lados y es vital darles bola para tratar de absorber lo más posible cada concepto y aprovecharlo bien. Se nota que en algún momento estuvieron en la misma situación que uno y ahora, por lo menos lo que se percibe desde la perspectiva de alumno, tienen superado ese problema y en cuanto a mujeres la están pasando más que bien. Muy buena onda todos y muy generosos en cuanto si a uno le surge una duda y poder charlarlo a parte. Por escrito me cuesta menos que personalmente. Cada uno tiene una herramienta que compartir y lo hacen por lo menos para mí con gran éxito. Realmente un gusto.

Pasar por el seminario es aprender a corregir “detalles” de actitudes de uno con las mujeres. El quid de la cuestión es que estos detalles son una lista larga y como dicen por ahí “la suma de los detalles es lo que hace la diferencia”. Ya al otro día de salir de la primer clase, uno empieza a hacer una autoevaluación de lo que está proyectando en su rutina diaria y ahí mismo, dándose cuenta del error, las empieza a corregir y se empiezan a ver pequeños resultados también. Y uno dice “es verdad! cómo no me di cuenta antes!”. Y empezás a notar las cosas que venís haciendo mal y a corregirlas. Son esos detalles de los que vengo hablando y los que son las pequeñas grandes gemas del seminario que uno se las lleva para toda la vida.

Increíble e inolvidable experiencia.”.

Francisco – 26 años

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